domingo, 12 de marzo de 2017

La decisión


El fondo de mí ya sabía cuál sería la reacción de “Andrés”, pero no lo quería creer.
Él fue mi primer y único novio. Con él perdí mi virginidad. Y cuando llevábamos poco tiempo de ser novios, quedé embarazada. Él quería que lo tuviéramos y nos casáramos, yo estaba indecisa. Una tarde, estábamos en su casa, él se levantó al baño. Dejó su celular en la cama, junto a mí. El celular se iluminó y leí “Mensaje recibido”. No sé qué cosa dentro de mí, me dijo “lee el mensaje”.
Abrí el mensaje. Lloré. Se estaba hablando con su ex novia. Cuando se suponía, nos casaríamos y amaba al bebe que tenía en mi vientre. No espere a que regresara del baño, dejé su teléfono con el mensaje abierto sobre su cama; para que él se enterara de que lo había visto. Tomé mi bolsa y salí corriendo de su casa.
Le había platicado ya del embarazo a una amiga, que me hablo del Cytotec. No sé porque pero tome un taxi a su casa. Llegue y ella estaba ahí. Se sorprendió al verme llorando. Le conté lo de los mensajes. Y me dijo: “Te lo dije. Andrés es así.”. Busqué mi cartera y le di $700 pesos (lo que costaban 8 pastillas de Cytotec). Fue a su cuarto y me las entrego en un frasco azul. Me explicó cómo usarlas y respondió mis dudas. Me  fui a mi casa. Cuando llegue, mire mi celular y tenía varias llamadas perdidas y mensajes de él, no le contesté.
Me encerré en mi cuarto el resto de la tarde, lloré sin consuelo; por su traición, por mi bebe… Me decidí. A las 10 de la noche introduje la primera dosis.  No dormí. A las 2am el me marcó, y decidí contestar. Intentó explicarme lo de su ex. Yo no escuche nada, solo alcancé a decirle que ya era muy tarde. Que había comprado y usado Cytotec. Se encolerizo.
Perdí ese bebe, que ni un mes tenía en mi vientre, fue duro, pero sin llegar a ser traumático. Él no lo tomo bien. Hasta hace poco aún me reclamaba que le hubiera “matado a ese primer bebé”; por eso no entendía su negativa en tener a este bebé que llevaba dentro.

Busqué y encontré el misoprostol, que para mi sorpresa ya se vende sin receta y sin tanta complicación. Conseguí 28 tabletas a $540 pesos mexicanos, algo así como 28 dólares americanos. ¡28 tabletas a 28 dólares! Cuando he visto en páginas que lucran con la necesidad de las chicas más jóvenes, donde les venden las dosis hasta en $2,000 pesos… Pero bueno ese ya es otro tema. Lo importante es que yo a mediados del mes de febrero tenía mi caja de misoprostol.
Se lo comunique a Andrés. Me dijo un discurso tan digno de él. Que no me sintiera culpable. Que él me “amaba”, y que no había cosa en el mundo que más deseara que otro hijo conmigo, pero que tenía que entender que en estos momentos, por su trabajo, no podía estar viviendo con nosotros. Y que él no quería que pasara mi embarazo sola, y cuidando a nuestra niña. Que entendiera por favor. Que más adelante tendríamos los bebes que yo quisiera… BLA, BLA, BLA…

El paso de los días


Como ingerí la pastilla realmente no me preocupe. Comencé a sentir ligera molestia en mis pechos, pero como leí que la pastilla de emergencia es una “bomba de hormonas” y que sus efectos secundarios son parecidos a los de un embarazo temprano, lo deje estar.
Paso navidad, año nuevo, reyes… y todo normal.
No había venido a la ciudad “Andrés”, pero la comunicación era diaria por el celular. No hablamos para nada sobre la pastilla. Lo olvidamos por decir así.
Paso la primera semana de enero, y mi regla no llegaba. Cuando yo soy regular en mis periodos. Y mi última regla, la del mes de diciembre me había llegado el día 3. Pero de nuevo, no me preocupé. Investigué y la pastilla de emergencia en muy pocas mujeres, causa un retraso menstrual. Así que de nuevo, lo deje estar.
Pasando la mitad del mes de enero, comencé a sentirme extraña. Y algo dentro de mí me repetía “estas embarazada, estas embarazada”… Pero lo ignore. Por esos días tuve una pelea muy fuerte con “Andrés” por llamada…  El insinuó que termináramos nuestra relación ya. Que ya no estábamos bien. Yo rompí en llanto (¿?). Le pedí que no lo hiciera, que le diéramos otra oportunidad a lo nuestro, que siempre lográbamos salir delante de lo que fuera. Pero que por favor no termináramos. Me puse histérica. Ahora creo que fueron las hormonas del embarazo lo que me hizo ponerme así. En fin. El me hizo caso y continuamos.
Así llegaron los primeros días  de febrero. Y me convencí de que estaba embarazada. Pero no sabía cómo decírselo a “Andrés”, resonaba en mi cabeza “No quiero mamadas…”. Así que decidí callarlo. Compré una prueba de embarazado en la farmacia y la guarde en el fondo de mi closet.

Una mañana a mediados de febrero, tomé valor, no sé de dónde y realicé la prueba. El resultado no me sorprendió. Dos rayitas que parecían habían marcado con plumón «sharpie» de lo marcadas que estaban. Tomé el teléfono y le marqué a “Andrés”. Me contesto alegre. Le dije que no sabía por dónde empezar, que no comprendía porque había fallado la pastilla del día siguiente (me solté a llorar) y le dije: “me acabo de hacer una prueba casera y dio positivo”. Su tomo de voz cambió. Y me dijo “piensa que vas a hacer”. Y me colgó.

La Historia


Bien para comenzar, les  hablaré un poco acerca de mí. Tengo 24 años, una princesa hermosa de 4 años, estuve casada con el papá de mi niña por más  de 6 años hasta ahora. Soy en esencia una persona alegre, me gusta hallarle el modo agradable a todas las cosas… O bueno así es que era hasta que las cosas empezaron a andar mal en mi matrimonio, hace cerca de 1 año y medio, y me convertí en una persona amargada, irritable y siempre de mal humor.
Mi esposo (o ex esposo, lo que sea, realmente ahora me da lo mismo), a quien llamaremos “Andrés” por decirlo así; es y siempre ha sido una persona controladora, manipuladora, prepotente y cerrada en cuanto a opiniones distintas a las de él.; pero físicamente es lo que se considera atractivo. Es alto, de complexión gruesa; espalda ancha, brazos grandes, es de piel blanca, y tiene unos ojos que literal “embrujan” son una mezcla de verde con gris que nunca había visto, más que en él y en mi hija. Nuestra relación nunca se consideró como buena, ya que el único que tenía voz y voto dentro de ella, era él. Era una relación sin pies ni cabeza. ¿Qué que me mantuvo ahí? Mi hija, el miedo a enfrentar la vida por mi cuenta, y sus constantes arrebatos de violencia (que poco a poco y sin que yo me diera cuenta me hicieron perder la confianza, y mi autoestima, me hicieron completamente dependiente de su veneno).
Pues bien, en el mes de Junio, por su trabajo  “Andrés” tuvo que cambiar de ciudad. Y mi hija y yo solo lo vimos durante dos ocasiones en Septiembre y en Diciembre, la última vez que lo vimos. Ese día, el llego irritable para variar un poco, lo primero que hizo al verme fue gritarme y gritarme hasta que se cansó, además de mirarme con su ya clásica “mirada llena de ira”, yo, como siempre, aguante los gritos y su histeria en silencio, porque ya sé que si contesto lo más seguro me silencié con una cachetada. Como a la 1 de la mañana se cansó de gritarme  y por fin se quedó dormido, y yo hice lo mismo.
Más tarde esa noche, como a las 4 de la mañana, desperté porque lo sentí cerca. Quería que tuviéramos relaciones. A lo que no me podía negar, porque vamos… ¿conociéndolo? Terminaría golpeándome y como al día siguiente era el festival de invierno en el Jardín de Niños de nuestra hija, no quería aparecerme con el ojo morado. No me negué, pero no fue algo que disfrutara en lo absoluto. Me sentí usada, sin valor, humillada durante el acto. Solo cerré los ojos y espere a que se acabara. Como el señor es un auténtico macho no pregunto nada. Solo termino dentro y ya.
Al día siguiente por la mañana, nos preparábamos para el  festival de nuestra hija, recuerdo sus palabras hirientes: “arréglate bien, no quiero que me vean con una vieja fodonga o vestida con ridiculeces… ya sabes”.  Ya arreglada, nos fuimos al festival, a cubrir las apariencias. “Andrés”  asemeja ser el padre y esposo del año. Todo amor. Mientras veíamos  el recital de nuestra hija, “Andrés”, en todo momento me abrazo, me tomaba de la mano. En fin, todo por lucirse; como siempre ha sido.
Ese día, por la noche comencé a notar una molestia diferente en mi vientre. Y algo sentí dentro de mí. (Ahora sé que en el momento en que el ovulo es fecundado, en ese preciso momento se envía una micro señal al cerebro de la madre, para indicarle que está embarazada).
En ese momento, empecé  como loca a hacer mis cuentas. Y ¡sorpresa! Era el día de mi ovulación. No me quise alarmar y compre las pastillas del día siguiente.
Lo único que le comenté a “Andrés”  fue:
Yo: “Oye, ¿ayer terminaste adentro?”
Él: “¿Por qué?”
Yo: “Porque hice cuentas y estoy en mis días fértiles. Y compré la pastilla”
Él: (cara de enojado) “Pues tómatela ya, ¿ok? No quiero mamadas.

Esa misma noche (aproximadamente 12 horas después de la relación me tomé las pastillas en unidosis.